La calle de cualquier ciudad es mucho más que fachadas y aceras, es fundamentalmente un lugar para las relaciones humanas. ¿Es oportuno entonces que el arte la fotografíe, si se trata de algo tan aparentemente ajeno a la representación como es la experiencia? Y, en caso afirmativo, ¿cómo puede hacerlo hoy?.
En busca de respuestas, desde el colectivo Perceptrones decidimos organizar una convocatoria abierta a la participación pública que invitaba a elaborar entre todos un recorrido fotográfico por las calles de Madrid. Tal y como indicamos en las bases, pedíamos el envío de imágenes que mostraran la visión personal de quienes las usamos a diario, pero no cualquier foto de la calle sino especialmente aquellas que apuntaran al suelo. De esta manera recogimos más de 300 fotografías de 68 autores con las que editamos un vídeo.
Fotografiar el suelo para luego mostrarlo implicaba trasladar su imagen desde el plano horizontal que pisamos al vertical de una pantalla. Con esto nos proponíamos, en primer lugar, que todos los participantes reflexionásemos sobre uno de los elementos más importantes -y quizá por ello más amenazado- de nuestro espacio urbano compartido. Para ello, creímos buena idea recontextualizarlo con ese sencillo giro de 90 grados, porque el concepto “calle”, de tan utilizado, nos parecía un tanto vacío ya de significado.
En segundo lugar, frente a las numerosas imágenes impuestas sobre Madrid en las que sus habitantes quedamos reducidos a simples figurantes, este proyecto intentaba servir también como modesta plataforma de oposición al convertirnos en sus autores. Con esta multiplicidad de visiones subjetivas queríamos incluir en la representación esas relaciones que construyen la calle de verdad.
Y, en tercer lugar, pretendíamos no sólo tener esas relaciones muy en cuenta sino también producirlas. Para ello elegimos espacios artísticos públicos de acceso libre y gratuito, donde celebramos diversos encuentros en los que se visionaban en grupo las fotos recibidas. Programamos estas reuniones con relativa frecuencia esperando que sirviera para estrechar relaciones entre los asistentes.
En resumen, pese a su pequeñez, este proyecto pudo ser un método de reflexión sobre la realidad urbana que disfrutamos y sufrimos; una oportunidad para cuestionar la imagen de Madrid que dictan los diferentes poderes; y un modo de ampliar un poquito más su espacio público generando nuevos contactos entre sus ciudadanos. Por lo tanto, en relación con la primera pregunta que nos sirvió como detonante -¿qué hace el arte fotografiando la calle?- parece que no deja dudas sobre su oportunidad. Así, pensamos que podemos abordar la calle desde la fotografía artística siempre y cuando no nos contentemos con representaciones que la reduzcan sino, todo lo contrario, que nuestro trabajo logre ensancharla.
Ahora bien, en cuanto a la segunda pregunta -¿cómo fotografiar hoy la calle?-, haciendo memoria del trabajo realizado podemos decir que éste fue un éxito en la medida en que supuso un fracaso. Y es que, si ahora logramos apuntar una respuesta es gracias a un error cometido: haber provocado las relaciones sociales en el espacio público tradicional. Es cierto que gracias a ello surgió una pequeña red a partir de perfectos desconocidos, pero fue demasiado parcial y efímera pues agrupó sólo a algunos de los participantes y duró mientras se mantuvo activo el calendario de actividades. Comprensiblemente, pasado el último encuentro fueron rompiéndose los frágiles lazos que nos unían. ¿Podrían haberse consolidado estos con una programación más extensa?. No lo sabemos, tal y como lo estábamos desarrollando no pudimos mantenerla más tiempo por falta de recursos.
Sin duda hicimos un tímido aprovechamiento de Internet. Para publicar las bases, difundir la convocatoria, recibir los materiales y organizar los encuentros nos servimos de ella como medio de comunicación masivo y de bajo coste. Sin embargo, podríamos haberlo identificado como algo más que eso: un lugar, una nueva calle en la esfera pública que, además, parece sustituir a la tradicional como arena para el debate público. De haberlo hecho, probablemente se habría generado una comunidad virtual más amplia y con mayores posibilidades de supervivencia.
Concluyendo, pensamos que el escaso éxito de este proyecto nos ha facilitado, sin embargo, un indicio de contestación a esa segunda pregunta que lo motivó: parece que la combinación entre la fotografía e Internet nos está abriendo una puerta para ampliar el espacio público. |